El feminismo caníbal de Malena Pichot

El feminismo caníbal de Malena Pichot

“La testosterona no se aprende. Si se aprendiera, la estaríamos estudiando”

Fran Lebowitz

Por Paula Puebla

Año 2008. Tras una ruptura, una chica deprimida y con el corazón roto comenzó a subir videos de catársis y parodia autobiográfica a YouTube ilustrando las vivencias de aquel angustioso momento.

En un registro confuso entre el video casero y la edición, y con un lenguaje tragicómico, burlón, provocador y hasta a veces patético, esta chica simpática eligió darse a conocer como La Loca de Mierda: una chica cool en la travesía de su duelo. La protagonista, Malena, corría el velo a las cavidades de su vida privada para entrar en el áspero territorio del show de la realidad, reality show o telerrealidad en donde, por supuesto, lo que se muestra se hace carne en el espectador en minutos. Cualquiera que haya atravesado una ruptura, una separación o un divorcio, podía verse reflejado en las miserias de La Loca de Mierda. Es rápido y sencillo: en la parodia del show de la realidad donde la intimidad es pública, la identificación -o el proceso de identificación- no constituye una barrera a romper sino un puente directo que nos invita y nos une a las vivencias que se muestran en la pantalla con las que vivimos a diario, donde todos somos pares y nos mimetizamos. El idioma de los derrotados es atractivo e igualador. Siempre.

El contenido de los videos -aunque no sé si debería llamarlos episodios- pone sobre la mesa una paleta muy peculiar de situaciones cotidianas pero cuyo factor común es la perspectiva hiperfemenina e hiperafectada del relato. Esta manera de ver y mostrar es la que, en todos y cada uno de los casos, se interpone por sobre lo discursivo. Lo que cuenta no tiene tanto peso como cómo lo cuenta: la degradación y la violencia contra lo masculino, la exacerbación vaginal de los dramas existenciales, la exposición chancletera y esa enfermiza manía de etiquetar a piacere según sus propias ideas, criterios y experiencias. La Loca de Mierda logra, sin lugar a dudas, impregnar en la cabeza del internauta una fotografía de alta pregnancia del estereotipo de mujer, muchacha, chica o que, de ahora en adelante, me daré el gusto de denominar minita.

¿Cómo se constituye un estereotipo? Podría decirse que en base a la simplificación de una imagen mental y una posterior generalización a nivel colectivo. Es una construcción casi gestáltica, donde con apenas identificar algunos rasgos de un patrón que ya conocemos, nuestra mente completa el resto de la figura. Para generar este efecto, La Loca de Mierda se pone en un lugar común, en una plataforma en el llano, con total y fácil acceso: si en un episodio mira a cámara y le grita a su ex novio judío rata de gueto, el público no solamente reirá sino que llevará esta conducta al general de las minitas resentidas; si en otro video se deja ver triste, ansiosa y violenta en su fase premenstrual, el público también festejará obediente pero no dejará de reforzar su idea de la minita te está por venir. Todos los hombres son putos, primitivos o psicópatas; todas las mujeres rompemos las pelotas; todo piropo equivale casi a una tentativa de violación. Los ejemplos abundan en la más de veintena de videos o episodios que La Loca de Mierda compartió desde su usuario en You Tube, en el regocijo del barro de la cultura pop: el cliché.

La tecnocultura es generosa y la viralización caritativa. La circulación del material fue en crecida hasta alcanzar cientos de miles de vistas, shares y me gusta. Y no es casualidad. La fórmula de La Loca de Mierda pegó fuerte en cierto sector clase media-joven-canchera y así es como capturó la atención de directivos de MTV LA para transmitir los videos en su cadena. ¿Cómo es posible que haya sido un éxito? Bueno, tal vez no se deba únicamente a la fórmula hiperfemenina estereotipada humorística e identitaria de la que ya hablamos o de un supuesto talento supernatural de las ideas de Malena. Los usuarios de internet –o público- tenemos mucho que ver, pero nos cuesta hacernos cargo de qué cosas salimos a buscar en la red y por qué contenidos nos dejamos capturar. Habla mucho de nosotros que la cámara oculta al Tano Passman tenga casi nueve millones de views, las declaraciones psicóticas de Ricardo Iorio superen el millón y la travesti Que pin-que pan-qué valor entrevistada por Crónica alcance las casi doscientas mil. Es ése nuestro entretenimiento, nuestro morbo, nuestra manera inocente y corrosiva de matar el tiempo. No hay nada que no exista en internet, estamos a un click de distancia de todo, pero nosotros vamos por esto.

Sin darle mayores vueltas al asunto, La Loca de Mierda fue otro éxito de internet.

El feminismo caníbal de Malena Pichot
Año 2012. Malena Pichot ya es una treintañera exitosa y parece haber dejado parte del crudo dolor y su locura de mierda atrás, ahí en el placarcito de YouTube. Concheta confesa, ex estudiante de Letras, Malena hace stand up, es guionista, humorista, actriz y (ex) cantante de jazz. Tiene dientes perfectos, es menudita, no tiene un gramo de grasa y usa gafas de marco grueso. Lleva un corte de pelo Pinipon que solamente le queda bien a ella o a las que son como ella. Usa camperas de cuero, jeans y borcegos; atractiva en lo compacto de su tamaño y con una gracia eficiente. Canchera, como vos y como yo.

Ahora Malena está en la TV. También está en el teatro y en la radio, pero fundamentalmente Malena está en la TV. Está tatuada en la piel de todas las pantallas que conforman la forma cultural más masiva y de mayor poder de inclusión social. Malena pasó de ser un virus en la todavía estratificada internet a ser una especie de abanderada femenina, la minita favorita de los medios progre y no tan progre del momento.

En La audacia y el cálculo, Beatriz Sarlo analiza, describe y explica con una precisión que asusta, el papel de la televisión y lo define como EL medio-sostén ideal para hacer política, cuyo poder equivale a un arma de construcción y destrucción masiva. ¿Qué rol ocupamos cuando vemos tele?¿Qué vemos cuando vemos TV? Vemos instantes en loop -repetición constante- de discursos que deben desechar todo lo que requiera algo más que una identificación sencilla. Los mensajes efectivos y eficientes son aquellos que evitan que el usuario presione el botón para cambiar de canal. Un mensaje entendido es aquel que supo gambetear al zapping. En la TV importa la resonancia, el impacto y su durabilidad en el minuto de tiempo; prima la opinión, la experiencia, la subjetividad y la ilusión de igualdad, el personaje cercano que a cada minuto nos deja pruebas de su humanidad. “Discursivamente, la televisión es populista”, explica Beatriz.

Este sentimentalismo desafortunado y, me permito, bilardista de la comunicación, ha hecho de Malena Pichot no solamente una celebrity -en el sentido más Sarlo de la palabra- sino también la ha consagrado como la voz de las minitas. Con la combinatoria del superpoder de los medios y con el punch ya probado y aprobado de La Loca de Mierda, las minitas tuvieron de qué y de quién hablar en sus reuniones de chicas. Al fin una mujer que piensa, leí por ahí.

Con el pasaje a la TV y la difusión en segmentos como Cualca y la infinidad de apariciones en entrevistas (formato TV, papel y radial) y otros programas de horario central, Pichot profundiza aún más su relación de canibalismo con el género. No duda, no se para a pensar si es idónea o no para hablar acerca de los temas de los que los productores quieren que hable. Ella, como una niña contenta a la que le dan un micrófono o como una culisuelta al mando del muro de su Facebook, saca provecho de posición de celebrity, de su fama, y se hace cargo sin resquemores de este puesto vacante que, al parecer, nuestra bendita TV argentina tenía para ofrecerle.

Esta moda irresponsable que funda este nuevo albor del feminismo, Malena Pichot toma la posta e instala un discurso muy moderno-irónico-incorrecto para apelar a cierta franja de mujeres que están convencidas de que el feminismo es ser soltera a los 30, tener un trabajo fijo y viajar a Nueva York. No solamente la nomenclatura de esta ideología me parece un sinsentido (llamar feminismo a una lucha que aboga por la igualdad), sino que este nuevo feminismo burlesque está lleno de fisuras e impone un modo que cuestiona y exige respeto al género masculino pero lo ubica a la manera clásica: en el lugar del contrincante. Lo embiste y lo denigra, intentando hacerle probar un poco de su propia medicina. Las declaraciones de nuestra minita estrella están afectadas por su experiencia personal, sus odios, dolores y resentimientos, que se obstruyen en el camino de la elaboración de ideas más profundas, elaboradas, fundamentadas. Se percibe en el aire todo el tiempo, cierta envidia a la supremacía masculina -¿machismo?-, y lamentablemente, Malena pisa su propio palito. Cae sin remedio en el pozo ciego del mal llamado sexo débil cuando intenta por todos los medios dejar en claro lo contrario. Quizás esté ante nosotros en ojotas el talón de Aquiles del feminismo falopa, el trying too hard de la mujer.

El feminismo caníbal de Malena Pichot
Año 2013. La banalización del feminismo y el carisma hipnótico de Malena Pichot calzaron perfecto en el zapatito huérfano televisivo. Mensajes certeros, sin complicaciones ni complejidades semánticas, sin enigmas ni dobleces. Ella se luce como una gran abreviadora, con la incorrección política justa y aceptada.

Malena, por supuesto, se ha pronunciado a favor de la despenalización del aborto, de la marihuana y como ferviente luchadora contra la violencia de género. ¿De qué manera? A través de algún que otro sketch, donde las palabras -disfrazadas de gags- hacen la plancha en la superficie y dejan que se hunda todo el sentido de lo que podrían ser intensas.

La mayor verdad del mundo, mal dicha, parece una estupidez, escribió Abelardo Castillo y cómo no darle la razón. El humor es una herramienta perfecta y poderosa, pero su mala praxis es fatal, una falta de ortografía en un tatuaje o, lo que es peor, en una carta de amor. Pienso en el humor argentino, en aquel que es más típico que el mate. Trazo líneas, hago mapas y ubico a nuestros célebres exponentes. ¿Quieren uno machista y otro feminista? Claro. Tiran para lados contrarios pero Malena Pichot y Coco Silly se aferran a la misma soga. En geometría serían opuestos por el vértice. No hay diferencias. Son iguales. Tienen el mismo valor.

Malena Pichot es excelente tirando máximas, creando slogans gacetilleros o detrás de los 140 caracteres de un tweet. “Si te pega no te quiere, dejalo” tal vez esté bien para un sticker en la luneta de tu auto, pero para ser un dicho enunciado por la voz de las mujeres es, mínimamente, un sopapo. ¿Qué sentirá una persona que es realmente víctima de la violencia de género? ¿Le causará gracia que se hable del tema con tanta levedad? ¿Por qué viene Malena a intentar solucionar con un versito de facto la situación en la que se sumen miles de hogares? ¿No hay acaso un tratamiento más adecuado? ¿Qué sabe realmente Malena de la violencia de género? ¿Algo?

Este tipo de declaraciones facilistas no construyen la conciencia necesaria para luchar contra la violencia de género o favorecer la despenalización del aborto, sino que -y lo digo jugando de local, estrictamente como mujer- le pasan por encima con una aplanadora a la espina dorsal de discusiones milenarias, biológicas, sociológicas, culturales, etc. Sí difunde, pero envía mensajes siniestros que estupidizan la cuestión.

El feminismo caníbal de Malena Pichot

Año 2014. Después de rumiar y darle vueltas al asunto, una chica curiosa se sentó al teclado a investigar. Pensó en Malena Pichot porque se sintió interpelada -y provocada- en varios aspectos. Vio videos, leyó entrevistas, miró fotos, revolvió la biblioteca; se preguntó y repreguntó sobre lo femenino como entidad, la competencia, los odios, el humor, el concepto de intimidad, el de lucha, el feminismo, el machismo y demás. Entendió que Malena es otro fenómeno bipolar: amada e idolatrada en muchos espacios y odiada casi en la misma medida (tanto como para que recientemente hackearan la cuenta Vimeo de Cualca). Un fenómeno que, una vez más, responde fielmente a que el éxito no equivale siempre a la calidad y mucho menos, al talento.

La chica curiosa no cree que haga falta aclarar que esto no es una cat fight. No tiene nada en contra de Malena Pichot, nada que no tenga por cualquier otra minita que le caiga pesada. No la conoce personalmente ni tampoco le interesan los detalles de su vida privada, su droga favorita o el paradero de su perro. Solo fue una escueta y ocasional consumidora de algunos de sus productos y posterior estudiosa.

En una entrevista que le hace Baby Etchecopar Malena afirma que ser feminista es cuestionar, que no hace falta demasiado para ser feminista. La chica curiosa sabe ser sensata y estar de acuerdo cuando tiene que estarlo, sabe que cuestionar es pensar. Y en un acto de heróismo metafeminista decidió venir a disectar este emblema cool tarado que tanto le irrita de la comunicación. ¿Por qué es Malena Pichot LA voz de las mujeres? ¿Quién dijo que las mujeres necesitamos una voz? ¿Por qué confundimos un eco -una repetición, un loop- con una voz? ¿Con qué poder es ella una representante y con qué criterio, en tal caso, el género se deja representar? ¿Son esos nuestros valores? ¿Por qué cuando habla un hombre habla un hombre y no una voz? ¿A esto se refería Malena con lo de minoría conceptual, a que necesitamos una petisa irónica con altavoz? Malena, la chica curiosa ya sabe que all publicity is good publicity, pero no vuelvas a decir que el feminismo está mal marketineado porque el feminismo de ahora sos vos. ¿Qué es lo que más le irrita? Que todo gran poder conlleva una gran responsabilidad y que no cree que exista en Malena esta conciencia de sí misma. Y no sabe si existe algo peor

Martes 21 ene 2014
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